
El De Tomaso Vallelunga fue la primera creación de un Argentino afincado en Italia, Alessandro De Tomaso, un personaje al que no le asustaban nombres como Ferrari, Alfa Romeo, Maserati o Lamborghini.

Buscando las prestaciones en la ligereza antes que en la potencia bruta, diseñó un coche con chasis tubular, con una innovadora carrocería de fibra de vidrio, el motor procedente del Ford Cortina de solo cuatro cilindros era, aunque poco indicado para un deportivo italiano, lo de menos. Tenía la difícil labor de crearse un nombre en el país de los deportivos puros, de las altas cilindradas, y del exceso de caballos.
Un país en el que en esos años los deportivos de altas prestaciones eran sagrados, todo estaba permitido excepto la mediocridad.
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