domingo, 4 de diciembre de 2011

Entre aristócratas y poligoneros


Es normal que los aficionados a una determinada disciplina compartan también estilos estéticos, hábitos, incluso una actitud parecida ante la vida y un grupo social similar. Por eso cuando vas a un concierto de rock el personal es bastante homogéneo y distinto del que te encuentras en un club de escalada o en unas jornadas sobre moda. Este afortunado fenómeno social lo hace todo más fácil a la hora de convivir con los compañeros de afición.

Con los aficionados al automóvil el fenómeno se ramifica en dos “tribus” arquetípicas y antagónicas, y pese a todo tengo la mala suerte de no identificarme con ninguno de los dos grupos y sentirme como “un mono en un garaje” (nunca mejor dicho) en la mayoría de reuniones y eventos.

Tirando de estereotipo y exagerando un poco (que nadie se ofenda) estos son los dos tipos de los que hablo:
Por un lado está el perfil que he llamado aristocrático, formado por pijos con solera, gente de rancio abolengo con renombre y reapellido, probablemente aficionados a la caza y que tienen a los príncipes de Inglaterra como referente estético.

Gentleman drivers, más o menos gentleman, más o menos drivers; con ellos el plan perfecto es hacer una tranquila salida con el impecable descapotable inglés de mediados del siglo pasado, para comer un cochinillo, en uno de esos Paradores con olor a naftalina.

La existencia de este perfil de aficionado es el que explica que el público de un concesionario Porsche parezca más propio de un club de hípica o padel, que de una laureada marca de vehículos deportivos. Y que el club oficial de la marca organice eventos tales como una montería… ¿qué tendrá que ver la velocidad con el tocino? No contéis conmigo.

También hay algún piloto dentro de este grupo. Pilotos de los que corren… porque se lo pueden pagar.

Este aristocrático perfil convive con otro muy distinto. A estos les gusta más el olor a goma quemada que el del cochinillo, prefieren el interior del Burger King al de un Facel Vega, y donde esté un buen polígono sin tráfico que se quite el Col de Turini. La existencia de este perfil explica la existencia del León FR con lunas tintadas.

Y si con los primeros me siento raro, ajeno, lejano; con los segundos me siento como si yo fuera uno de los primeros.




1 comentario:

  1. Toda mi vida he deseado tener un Porsche, después de muchos años, ahora lo tengo.......

    Soy el hombre más feliz del mundo.

    ResponderEliminar